domingo, 4 de enero de 2015

Los Miserables - Victor Hugo.

Las siluetas feroces que
rondan en esta fosa, casi bestias, casi fantasmas, no se interesan por el progreso
universal, ignoran la idea y la palabra. Tienen dos madres, más bien dos
madrastras, la ignorancia y la miseria; tienen un guía, la necesidad; tienen el
apetito como forma de satisfacción. Son larvas brutalmente voraces, que pasan
del sufrimiento al crimen. Lo que se arrastra en el tercer subterráneo social no es
la filosofía que busca el absoluto; es la protesta de la materia. Aquí el hombre se
convierte en dragón. Tener hambre, tener sed, es el punto de partida; ser Satanás
es el punto de llegada.


Dios lo dispuso así. Dios nos ve desde el cielo a todos, y en medio de sus brillantes estrellas sabe bien lo que hace. Me voy ahora, mis queridos hijos. Amaos mucho, siempre. En el mundo casi no hay nada más importante que amar.

No condenaba nada ni a nadie apresuradamente y sin tener en cuenta las circunstancias; y solía decir: Veamos el camino por donde ha pasado la falta


Se dice que la esclavitud ha desaparecido de la civilización europea, y es
un error. Existe todavía; sólo que no pesa ya sino sobre la mujer, y se llama
prostitución.


El choque entre mentalidades jóvenes ofrece la particularidad admirable de
que no se puede nunca prever la chispa, ni adivinar el relámpago. ¿Qué va a
brotar en un momento dado? Nadie lo sabe. La carcajada parte de la ternura; la
seriedad sale de un momento de burla. Los impulsos provienen de la primera
palabra que se oye. La vena de cada uno es soberana. Un chiste basta para abrir
la puerta de lo inesperado. Estas conversaciones son entretenimientos de bruscos
cambios, en que la perspectiva varía súbitamente. La casualidad es el maquinista
de estas discusiones.

Los bosques que uno ha atravesado con su amada niña, los árboles que les han resguardado del sol, los conventos que les han resguardado de los hombres, las inocentes risas de la infancia; todo no es más que sombra.

La juventud es la estación
de las soldaduras rápidas y de las cicatrices leves.


Así se crean firmes y excepcionales naturalezas. La miseria, casi siempre
madrastra, es a veces madre. La indigencia da a luz la fortaleza de alma; el
desamparo alimenta la dignidad; la desgracia es la mejor leche para los
generosos.

"Oh, Vos, ¿quién sois? El Eclesiástico os llama Todopoderoso; los Macabeos
os nombran Creador; la Epístola a los Efesios os llama .Libertad; Baruch os
nombra Inmensidad; los Salmos os llaman Sabiduría y Verdad; Juan os llama Luz;
los reyes os nombran Señor; el Éxodo os apellida Providencia; el Levítico,
Santidad; Esdras, Justicia; la creación os llama Dios; el hombre os llama Padre;
pero Salomón os llama Misericordia, y éste es el más bello de vuestros nombres".

"A los ignorantes enseñadles lo más que podáis; la sociedad es culpable por
no dar instrucción gratis; es responsable de la oscuridad que con esto produce. Si
un alma sumida en las tinieblas comete un pecado, el culpable no es en realidad el
que peca, sino el que no disipa las tinieblas".

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