¡Oh, enigmático destino!
¿Que clase de ángel ha puesto
un alma tan pura como la suya
en manos de la cruel y tal llamada Vida?
Un alma como esa,
no debería ni rozar la punta de sus dedos
la salvaje tierra.
Debería encontrarse en el Olimpo
junto con los Dioses y Diosas.
Tan hermosa, como un tesoro precioso.
Venciendo con su nata pureza los males del Universo
Y protegiendo a la Vida
por todos los condenado experimentándola.
¡Oh, contradictorio Señor Todopoderoso!
Si no te has apiadado de un alma como la suya...
¿Que sera de nosotros, los pobres mortales?
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