miércoles, 7 de junio de 2017

No lo entiendo.



Escribir me ayuda para expresar la manera que no comprendo el mundo, no se quien fue quien dijo que escribiendo lo entendía, yo simplemente no lo hago y es la impotencia a las cosas injustas la que me empuja a escribir. Ese nudo en la la garganta, ese caos en mi mente, a veces me hace apretar los dientes y otras mirar a la nada casi sin vida. No medito en cómo me gustaría que fueran las cosas, sino como son así de simples y complicadas que contemplo o se me prestan. En la realidad ne cuesta callarme y eso me trae problemas inclusive conmigo misma, porque al final de nada sirve. Siempre alguien contesta peor, o se pone a llorar, o tan solo te hacen la cruz y dejan de hablarte. Me cuesta ser indiferente cuando alguien que me importa hace cosas así, incoherentes e injustas. Nadie termina bien. Ni yo misma. Y por eso escribo. Me desahogo, sin llegar a una respuesta. Nunca. Como ahora. Pero escribo sobre ello y, ni para bien o para mal, me saco un peso de encima, o por lo menos lo anestesio un poco. Por un rato. Creo.

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