A veces entro como en un coma en vida, como una máquina duermo, me despierto, comienzo los días, termino las noches, estoy con mi familia, salgo con amigas, le sonrió a algún desconocido en la calle, veo películas y cuando desenfoco la vista sueño despierta. Se cuando despierto porque siempre me surge la urgencia de los dedos, la lengua me pesa, la garganta se me en nada y casi por instinto se me abren los ojos, sin querer cerrarse, para ver todo.
Todo.
Observar todo lo que me rodea, cada detalle, del mundo invisible que ignoramos porque nos enseñan a no verlo. Esas cosas sensibles que se perciben si uno se detiene.
Que dificil es detenerse.
No enseñan que la vida se esfuma entre nuestros dedos, pero no a cerrarlos un poco para sentirla.
Los diferentes contrastes del cemento, la sinfonía del ruido de la calle que de mezcla con las voces de toda esta gente que tiene algo que contar, algo que desahogarse, algo por lo que reír o por lo que llorar, una guerra, el deseo de la victoria, laberintos de sueños ansiados, esa voluntades de hierro que acallan con el manto de la indiferencia por miedo a errar o ser juzgados por los juicios impartidos categóricamente por el conjunto de las sociedades, por la cadena del tiempo.
Ella se esfuma y con ella nuestra oportunidad de vivirla.
La vida.
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