viernes, 6 de junio de 2025

El toque de queda no es lo mio, nunca me gusto que me ordenaran cuando dormir. Bueno, en realidad, no me gusta que me ordenen nada. ¿Quien lo hace, igualmente? En el fondo todos somos personas rebeldes, puede ser que no seamos del todo animales puesto que tenemos la gracia de razonar, pero no quiere decir que con la razón dejemos de ser salvajes. En el fondo, debajo de todas esas regles, leyes, creencias, prejuicios y morales etiquetadas por los filósofos, somos salvajes cuando algo no nos gusta. Pueden llamarlo como quieran; capricho, terquedad, el rencor, el  odio, orgullo, bandees...En mi parecer los sentimientos mas oscuros del hombre son, simplemente y llanamente, su lado salvaje y feroz, y ese raciocinio solo fragmento, etiqueto y repudio ese salvajismo que condeno como el lado el oscuro del hombre. No es oscuro, señores, es solamente la cara salvaje que todos llevamos dentro. Sin nada de raciocinio, tan solo es feroz e irracional la mayoría de las veces.
Sin embargo, soy una persona muy razonable y se que esa misma cualidad, si la podes manejar bien, es la única arma para controlar ese lado. O por lo menos minimizarlo. Cuando uno crece el control se hace mas difícil, pero no imposible, luego uno puede drenar ese reprimir a través de acciones. Como por ejemplo, el sexo, o el ejercicio, o hablando con algún psicológico o simplemente volviéndote loco gritando o en mero silencio.
Yo uso la ultima puesto. Soy demasiado razonable, hasta el punto de la locura.
Pero a veces la razón no es suficiente y los "sentimientos oscuros" se desbocan desde las esquinas.
-¡Vas a dejar de estudiar y punto!
-¿Disculpa?¿Vos me estas diciendo esto?¡La que siempre me jodió para hacerme una carrera!
-No se habla mas te dije. Ya se que desde chicos les dije a todos mis hijos que estudien porque es la única salida a esta vida de mierda, Natacha. Pero ¿vos viste lo que esta pasando hoy en día, pendeja? No podes seguir estudiando, esa carrera, por mas que te encante y yo este muy orgullosa de vos por el esmero de todos estos años, es de noche. Y de noche están desapareciendo gente como vos. Los jóvenes.
Me paro y me pongo detrás de mi silla,  porque siento que no puedo estar sentada. Aprieto el respaldo con mis manos.
-Años, mamá. Años. Exactamente. Me falta este año para recibirme. No, espera. Meses solamente. No puedo abandonarla ahora, como vos decís ¿viste lo que esta pasando en el país? Por lo que se hasta puede ser el ultimo año que este abierto mi instituto. ¡Si todo se va a ir a la mierda por lo menos me quiero morir con mi titulo, la puta madre!
-¿Vos escuchas las locuras que decís, Natacha? -inquirió mi viejo, haciéndose participe en la discusión. Mi hermana Pamela esta callada, sin tocar bocado de su plato y con los ojos muy abiertos. La miro mal, para pedirle que por favor no se meta o la mato. Me jode que se meta en mis peleas con mis viejos, yo no me meto en las suyas.
-¿Y ustedes?¿Se escuchan?
-Nosotros solo queremos cuidarte, hija. -me dice mi mamá, con la cara crispada del enojo. Ella es así, si empieza a hablar y la charla se le va de las manos por la opocision de su contrincante, se enoja feo. No le gusta que la contradigan.
-Y me cuido, viejo. Me cuido. Y me voy a cuidar. No me va a pasar nada, mamá. Por Dios. No participo ni en la militancia ni en el terrorismo. Y no lo pienso hacer, te lo juro. Tan solo son seis cuadras. Ses cuadras de la parada que me trae para acá del instituto y tres cuadras de la parada que me deja en el instituto.
-No, Natacha. Que no.
-Escúchanos, Natacha. Nosotros ya pasamos por esto. Un gobierno así, pero este es peor. Nosotros no eramos tan jóvenes como vos, no teníamos necesidad de estar en la calle estudiando tan lejos de casa y ademas vivíamos en un pueblo rural. No la vivimos, pero sabemos.
-Yo también se, papá. Lo estudie en la escuela, lo vi en películas, lo leí en libros.
-Bueno, querida, este es el mundo real y no va a terminar como una puta película de mierda. Que no vas a ir mas y punto.
-¿Y como me van a detener, a ver? Soy mayor de edad.
-Pero nosotros somos los que te pagamos la SUBE, querida. -se ríe mi vieja, con aires de superada.
Me da bronca.
-Y entonces me voy a conseguir un laburo.
Esta vez, se rie.
Aprieto mas el respaldo de la silla, mis nudillos se quedan blancos.
-Suerte con eso. Mas con esta dictadura.
-Tengo bastante plata ahorrada, ahora que lo pienso -miento, a medias, no es tanta. Con dos mil pesos solo me sirven para dos semanas y ya esta. Pensando en la Sube y las fotocopias. Estoy en la ruina misma.
Mi mama tiene los ojos saltones y las cejas prominentes, no como Frida Kahlo, ella se las depila pero son muy expresivas. Cuando frunce el ceño siento que eso agudiza su mirada llena de cólera.
-Te lo prohíbo, no vas a volver.
-¿Y QUE VOY A HACER, POR DIOS?-grito. -¡A ver decime! Dejo de estudiar, bárbaro. No puedo buscar trabajo seguro porque este puto gobierno nuevo no da ni de seguro una buena oportunidad de progresar. ¿Que? ¿Me voy a quedar como una meseta hasta que se vaya? ¿Un año?¿Dos? ¿Diez o veinte? ¡Queres que paralice mi vida!
Se para de golpe, y con la fuerza que lo hace, tira la silla.
-¡YO SOLAMENTE QUIERO QUE VIVAS!¡TE QUIERO VIVA!¡VIVA!
-¡QUEDARME RECLUIDA EN UNA CASA POR AÑOS NO ES VIDA!¡ESO NO ES VIVIR! ¡NI EN PEDO TERMINO COMO VOS ENCERRADA!¡YO TAMBIÉN QUIERO VIVIR Y HACE LO QUE ME DECÍS NO ES VIDA!
Como dije, soy muy razonable pero cuando me enojo...mi lado oscuro se apodera, puedo decir cosas horribles. Mi hermana cuando se enoja es fría e indiferente, vengativa incluso y resentida. Yo no, yo no me enojo tanto ni duro mucho tiempo así, pero algo sé: soy la persona mas cruel y sin pelos en la lengua, no exagero, solo digo verdades de una forma horrible y cruda.
Mi mama cierra la boca de golpe. Esa no es buena señal. Sos ojos son como cuchillas. El silencio se alza entre nosotras como cual cortina se pliega. Nos miramos. Papá agarra su mano y le dice algo que las dos no oímos. Mi hermana sigue comiendo.
-No voy a abandonar mi carrera. -digo, en voz tranquila, pero determinada.
Ella me mira con desaprobación, con una mueca enciendo un cigarrillo y se lo pone entre los labios mientras aspira y no deja de mirarme.
-Bien. -dice al fin, dándose la vuelta y yéndose a su habitación. -Como vos quieras.





Las vacaciones de invierno han concluido, retomo las clases ignorando las protestas de mis padres. No me gusta ni una cosa ni la otra. No me gusta desobedecerlos cuando algo de razon tienen, ni tampoco me gusta que me ordenen algo tan absurdo como dejar de estudiar justo mi ultimo año. Seis meses, nada mas. Tan solo seis meses y tendré mi titulo. Necesito esto.
-¿Vamos a comprar galletitas? -me pregunta mi compañera Belinda, es super baja, morena y delgada. Si no fuera por lo que dice su DNI podría pasar por una chica de quince años, porque de verdad no aparenta los treinta y un años que tiene.
Miro el grupo de estudio, nuestro grupo, el que esta abarrotado en el comedor infantil de la escuela primaria que es nuestro instituto por el día.
-Dale, ¿a los chinos?
-Si, quiero esas galletitas que comimos ayer...no me acuerdo como se llamaban...
-Hades.
-¡Esas! Bueno, vamos.
Subimos las escaleras al primer piso que sale al patio. El comedor queda en el subpiso subterraneo. Estamos saliendo cuando Belinda me para de un manotazo.
-¡Mierda!-chilla, con cara de espanto.
Miro la calle nocturna, llena de gente de la ciudad.
-¿Que pasa?¿Cual es el problema?
-Creo que me bajo.
-¿Ahora? Uh...tenes ¿toallitas?¿tampones?
Pone cara de preocupación asfixiante, lo que me hace arrepentirme de preguntarle eso tan exaltada.
-No, ¿y vos?
Me muerdo el labio.
-No, perdón. Uf,que mierda.
-Voy a preguntarle a Paula si tiene, seguro que trajo. Le vino hace dos dias. Vos anda a comprar ¿si?
Le digo que si, se va y me enfrento a la calle. Me quedo un segundo quieta. Yo no ando por la calle sola, no es porque sea paranoica pero desde que empezaron a desaparecer personas como el la ultimo dictadura o mas bien, al comienzo de ella, tengo la precaución de siempre andar acompañada. Ademas del hecho que las calles del conurbano estar atiborradas de gente de la ley...hombres y mujeres, pero especialmente hombres que no me caen del todo bien. Tengo que admitir que nunca me gusto la policía. Prefiero a los ladrones, por lo menos con ellos se que me puedo defender aunque muera, pero siempre va a ser mi palabra contra la suya y la mía va a ganar. Pero con los policías...
El chino que a una cuadra, al frente. Hay gente en la calle, son las siete de la tarde no las once ni las doce. Me voy para allá, a paso rápido. Cuando me cruzo con gente grande, jóvenes, niños y algunos hombres apurados que van o vuelven de laburar, me tranquilizo. Ignoro a los policías y gendarmes, que a pesar de que una este cubierta de pies a cabeza por ropa holgada te miran como si fuera caminando por la calle con tanga. Uf, los odio.
Entro al chino. Mas policias. Pero también hay gente. Voy directo al pasillo de galletitas, las elijo y mirando el suelo camino por el pasillo hasta la caja, paso un estante con toallitas y me detengo. No se cual use Belinda, pero por las dudas agarro las mas económicas y normales, me paro. ¿O elijo unas mas finas? ¿Las de día?¿Con alas?¿Super delgadas? A la mierda...si no las usas me las quedo y a mi me gusta las Nocturna Super Delgadas de Always, dejo las otras, agarro esas y...
-¡Uy! -fabullo, chocando con alguien y dejando caer mi billetera, las galletitas y las toallitas femeninas. Al instante que me percato con quien choque, me tenso y apresuro a recoger mis cosas.
NO, NO, NO.
-Disculpame, ¿Esta bien, señora? -me dice el tipo, agachándose conmigo.
No quiero su ayuda, no quiero nada de este ni de los de su tipo. Pero no me sale decirle que deje el paquete de toallitas en paz, que yo puedo sola. Así que no digo nada, ni acepto sus disculpas. Me puteo a mi misma por ser tan estúpida y puteo la casualidad que hizo que mi billetera se fuera medio bajo un estante. El se para antes que yo y eso no me gusta, me siento como a sus pies, entre humillada y desnivelada. Cuando me paro hago ademan de agarrar las cosas que deje caer de sus manos pero él da un paso atrás, haciendo de mi intento una mierda.
-Normalmente la gente responde cuando se le pregunta si esta bien -me dice el tipo, con suspicacia.
Respiro hondo.
-Estoy bien. -digo, mirando sus grandes y feas manos sujetando las galletitas rosas y las toallitas femeninas. Parece casi ridículo. Bueno, no casi. Mucho.
El tipo no hace gesto que de a entender que me las devuelve.
-¿Puedo, por favor, devolverme mis cosas? -le pregunto, empezando a sudar.
-Quizás si me regala una sonrisa. -me dice, galante. Eso me sorprende. Me enfurece. Se esta burlando de mi.
Me quedo callada. Ni en pedo le sonrió a este mercenario de mierda.
-O su nombre, señora...
-Como si no lo supiera ya -se me escapa, muy pero muy en voz baja.
-¿Porque habría de saberlo? -me pregunta, sonado sorprendido.
No debería contestarle. Ni se porque lo estoy haciendo. Ya no lo voy a hacer mas.
-Porque ustedes saben todo.
Estúpida. Estúpida. Estúpida.
-¿Y nosotros seriamos, según usted...?¿Señora...?
-Señorita.
-Ah, esta bien, ¿Y la señorita tiene nombre?
Aprieto los dientes. Y miro a nuestro alrededor, hay gente entre los pasillos pero nos ignoran. O ignoran estar ignorándonos. Desearía que alguien se metiera y me salvara de esta. ¿Porque este puto me esta hablando?¿Porque soy el objetivo? No he hecho nada malo.
-No he hecho nada malo. -suelto.
El tipo hace un ruido con la boca, como un respingon pensativo.
-En mi experiencia, cuando hablas con alguien por casualidad sin un tema especifico y sueltan algo como eso, pienso que están a la defensiva. Y que por algo se defienden, por algo que hicieron naturalmente.
Ya esta. Puedo agarrar otras toallitas y otras galletitas.
Me alejo.
Pero el tipo me sujeta del brazo. Con fuerza y no solo me deja en su lugar, sino que me acerca a el y medio tropiezo con mis pies, por eso para no caer de narices sobre el le pongo una mano en el pecho y por reflejo indignado lo miro a la cara molesta y sorprendida por su desfachatez de ponerme una mano encima. ¡Como se atreve!
Mercenarios...no son difíciles de reconocer. Son de otros países, países desconocidos de muy lejos. Le venden sus servicios sanguinarios al nuevo gobierno de turno, merodean las zonas especialmente del conurbano, por mas policías y militares, ellos, los mercenarios, son lo peor. Visten de civil y por lo tanto no podes exigirle tus derechos como ciudadano sin mas, si un policía te quiere llevar una se puede rehusar a no tener motivo ni autorizarnos de algún juez, pero cuando te toca un mercenarios...Son "personas" como nosotros, civiles. Pero en realidad son empleados camuflados para hacer la peor mierda de lo que el gobierno corrupto de hoy les pide. No son difíciles de reconocer por muchas razones, su asentó, su forma de vestir tan discreta y sofisticada, pero sobre todo por su aspecto. Los hombres de mi país no son naturalmente muy altos, la altura promedio es de un metro setenta y normalmente son o muy delgados o musculosos de cintura para arriba pero con patitas de tero, un tipo con un metro ochenta es difícil de ver por las calles. Y los mercenarios son...tremendos, su aspecto intimida como la mierda. Y no solo lo que los rumores dicen que hacen. Este, por ejemplo, su aspecto grita a los cuatro vientos que no es de acá. Es enorme, con los rasgos muy marcados y viste todo de negro. No se cuanto medirá, pero me recuerda a un tipo con el que yo salí que media metro noventa y ocho, porque mi pecho esta a la altura de su panza y tengo que tirar toda la cabeza para atrás para poder mirarlo con odio. De tez, es blanco, pero no pálido, con un bronceado muy dorado y natural, como si de donde fuera viviera o frecuentara mucho la playa, tiene el pelo oscuro y con un corte sencillo ni muy largo ni muy corto, necesita un corte. No es flaco, es robusto pero no gordito, sino mas bien maziso pero no puro musculo o por lo menos eso noto bajo la ropa que tiene. Su cara es...dura,muy marcada, la boca ancha, mandíbula cuadrada que parece poder moder hasta vidrio y unos ojos grises celestes muy claros. Dan miedo. Y mas cuando te miran fijamente. Tiene miranda de lunático.
-No se olvide esto. -me dice, después de estar medio minuto mirándonos fijamente. El intimidado y yo intimidada. Me pone mis cosas en el brazo que no esta flexionado tocándolo. -Que tengas suerte en el examen, Natacha.
No me quedo sorprendida, como el seguro esperaba. Me quedo impotente y asustada. Me medio sonríe y se va.
No me quedo ahí, me voy rápido y rezo por no cruzarmelo en la caja. No lo hago. Cuando vuelvo al instituto no puedo concentrarme, me va mal en el final. Lo repruebo. Mis compañeros me consuelan. Me despido de ellos y me tomo el bondi a mi casa Cuando llego saludo a mis papas y me acuesto al toque.
No pego ojo.
No puedo dejar de preguntarme; ¿Porque soy el objetivo?

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